domingo, diciembre 18, 2005

Ultramarinos


El jueves anduve por Granada. Había intentado conseguir entradas para Madrid pero se acabaron en doce minutos, gracias a las membranas de fibra óptica. Bueno, cuando me enteré de que ya se podían comprar en la web, era el minuto 14.
Una gira ultramarina. A juzgar por el barquito que se alzaba al fondo del escenario, debemos considerar la imagen con una popa lejana y el humo escrutando al sol de la tarde. O las velas silbando tempestades.

Sí. Pero “ultramarinos” también es una acepción para denominar a las ‘bodegas’, tal como las llamamos en Lima.


Las ‘bodegas’ o pulperías del mítico “chino de la esquina” y que, cuando camino por el barrio de Lavapiés creo revivir ese recuerdo ya lejano ante los ultramarinos regentados por coreanos y chinos.
En París se llamaban “alimentation generale” y los dependientes solían ser turcos o marroquíes. Estas tiendas eran muy apreciadas para mí porque, en una ciudad donde todo cierra a las 8 de la tarde, encontrar un expendio en funciones puede ser crucial. Hace la diferencia entre tomarte el agua de tu florero o conseguir una botella de vino enterita, sólo para ti, y -encima- a las 10 de la noche. Así que puedes considerarte un verdadero afortunado si en tu barrio hay una “alimentation generale”... porque no la conseguirás en ningún otro lugar... aunque estés pagando dos veces más de lo que te costaría en el supermercado en aquellas horas donde el sol todavía se deja oír.
Séferis, decía por allí que si uno vertía una gota de vino en el mar eclipsaría al sol. Luego de leer esta frase tan auroleada de verdad por donde se le mire, adquirí la costumbre de lamer la mínima gotita que a veces derrapa por el pico de la botella, pensando que esa gota podría producir ese velo rojo que amordazase soles y multase al brillo... nunca he vertido una gota en el océano pero he hecho la prueba de llenar el lavabo y he echado hasta dos gotitas alguna vez, esperando que las lámparas de la cocina estallasen. Pero supongo que por más que se esfuerce y buena voluntad que le ponga, una bombilla no es un sol... y “nuestras vidas son como los ríos que van a dar a la mar”... como los desagües: y mis dos gotitas que valerosamente se diluyeron perdiéndose de vista cuando retiraba el tapón. Tal vez, luego de (supongo) incontables peligros y aventuras sépticas, habrán llegado al mar y acaso, ultramarinamente, le arranquen al menos un guiño al sol.

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