domingo, febrero 26, 2006

Things have changed


Sucede súbitamente.
Y después los recuerdos inundan la cornisa de tu ventana. Como para no verlo. Como para no saberlo siquiera.
Y entonces los aromas se recuestan en el estéreo y me deslizo buscando algo. Alguna melodía a brandy de jerez solera. Para mayor honor, derrapo en la esquina de un tango:
De chiquilí­n te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan...
La ñata contra el vidrio
en un azul de frí­o,
que solo fue después vivendo
igual al mio...
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me diste entre asombros
el cigarrillo,
la fe en mis sueños
y una esperanza de amor...
¿Cómo olvidarte en esta queja,
cafetí­n de Buenos Aires...


O busco algo en las cascadas sendas de Tom Waits o la Piaf. Llego al borde de la ventana, con una copa un poco más discreta y el cigarrillo que ya no fumo. Y se abre el Palacio de la Memoria. Camino con calma, me detengo en un libro husmeado en la biblioteca de la facultad, hace años, No hay humo sin Freud: Psicoanálisis del fumador. Doy la primera calada de las 3 cajetillas que me esperan por delante en algún martes que es martes todo el día.
Pensaba que aquel volumen traería consigo la clave analítica que me devolviese a la senda del buen juicio pulmonar.

No, no fue así.
Era, más bien, una apología a los puros y a las marcas que fumaba el vienés.


Un poco más de solera. Otro vistazo rápido por la ventana. Los párrafos finales de aquel libro. Una serie de recomendaciones terapéuticas. Reclinarse comodamente en la silla de trabajo, en el sofá del cuarto de estar, en el rincón de preferencia que favorezca el toque de retreta del recuerdo. Tome ese libro, escoja una página al azar con uno de los recuerdos de aquellas estancias de la infancia. Vierta el tabaco de aquellos aires donde corría con las rodillas raspadas y un inmenso herbolario pegado en la camiseta... roléelo y enciéndalo con una cerilla. De una calada honda y déje que su mente recorra claustro a claustro el camino que lo traiga de vuelta.

Aunque siempre, de forma inevitable, invulnerable, las cosas hayan cambiado.

4 comentarios:

Rain dijo...

Qué post y qué canción y qué foto.

Ese bar en blanco y negro con su barra y lo que dices sobre los recuerdos...

Si estás de acuerdo podría linkearlo :)

ojalá al puerto también lo quisieras tener cerca..


Salutes.

pilar dijo...

es un post triste? no es triste??? es bonito en todo caso...y bukowski siempre dice las mejores cosas estuve leyendo bukowski el vienres y viendo unn documental de los ramones...buena combinacion...sigues ud fumando?

Sir Faxx von Raven dijo...

mi palacio de la memoria está bastante desordenado. las cosas han cambiado. hay habitaciones dolorosas en las que no quiero entrar y otras de las que no puedo salir. en una habitación vi a bukowski, me senté con él y nos pusimos a conversar. me dijo que siga peleando a la contra, pero que no me olvide ni de las mujeres ni del trago. me dejó pensando.

pilar dijo...

sip el trago no se deja...con los chicos me ando rindiendo dia a dia***