martes, marzo 21, 2006

La última visita del caballero enfermo

Quiero saberlo todo. Y siempre me encuentro como antes, triste como la vida y resignado como la sabiduría.
(G.P.)


Luego de haber recordado la corporeidad del Príncipe Hamlet en los escritos de Virginia, pensé en un cuento lejano, para mi memoria, y tan presente como los recuerdos que se presentan a nuestra mente con clavel verde en la solapa.
La última visita del caballero enfermo.. El cuento pertenece a Giovanni Papini y Papini pertenece a mis primeros claros literarios. Un viejo libro acude a mí, Palabras y sangre, en encuadernación de cartón rojo, severamente dañado por una inundación que hubo en la biblioteca paterna. En la tapa, tras los restos de pulpa que se retorcían como virutas estaban los contornos de su rostro. Y no podía ser otro que el diablo, como lo atestiguara alguno de sus libros. Años luego, descubrí que también tras su pluma etsaba Don Quijote del engaño.



Luego vendrían otros libros, leídos en la Biblioteca de Municipal, como Gog, aquel multimillonario que gracias a su fortuna logra entrevistar a los personajes prominentes de su tiempo (hay una entrevista a Einstein, otra a Freud, otra a Gandhi, etc.) y que reaparecería más tarde en una suerte de segunda parte: El libro negro.


Grande es la potencia del genio aunque esté contenido en la carne de un heridor, soldado, esclavo, contable, aventurero y preso; en un Miguel poeta andante y cortesano necesitado. Así pudo engañarnos la sombra consistente de Don Quijote. Hemos creído que su vida era un engaño y que él fue el traicionado por los hombres comedores de carne, por los tiempos debilitados y por los libros imposibles. Su vida fue verdaderamente engañosa, pero el engañador, el ficticio, fue él, y los traicionados, hasta ahora, hemos sido nosotros. Miguel hace de todo para ponernos delante – marioneta larguirucha armada de hierro viejo y de obsesión – un Don Quijote enloquecido por las malas lecturas, un Don Quijote engrandecido por su sabiduría discursiva y más aún por su demencia imitadora; un Don Quijote al que los nacidos después han podido adorar, mística víctima de un cristianismo puro, armado y burlado, lleno de odio por la vida universal y eterna de los paganos bautizados, para los que la regla es verdad; la pereza, sabiduría; la comodidad, bondad; el pan y la pitanza, única esencia reconocible de los días. Todo heterodoxo de la ley vulgar se ha tenido por caballero y ha sentido sobre sus propias espaldas los palos que dieron con él en tierra. En aquella serena sabiduría antigua, en aquel vano amor por el bien, vieron casi un reflejo de Sócrates, que tuvo que morir por voluntad de los hombres, porque era mejor que todos los hombres.
(Tomado de Don Quijote del Engaño)


Acuné cada libro que encontré de Papini en las Ferias de libros viejos y de lance. Autor olvidado -recién vuelve a conocer cierto redescubrimiento-, sólo podía esperar encontrarlo entre las rumas amarillentas de aquellas gitanescas caravanas.
Por ello, una de mis más queridas adquisiciones fueron sus obras completas, en Editorial Aguilar (6 tomos), aunque me quedase con el dinero exacto para el pasaje a la universidad, aunque estuviese, como dice el tango, un mes sin fumar, viviendo de fiado... pocas veces fui tan feliz como aquella vez.
Hoy, esas obras quedaron en Lima, como tantas cosas que zumban en el recuerdo: los moscardones que se estrellan contra mi ventana.



Sí, la última visita del caballero enfermo fue anoche. Vino con Segismundo, y me contaron que Sigmund no pudo venir debido a su recargada agenda.
Salimos a caminar por la sierra y el caballero me dijo, como otras veces, desde mi infancia, pero, esta vez, con una soltura nostálgica que no creía recordarle: -Consuéleme un poco, sugiérame alguna estratagema, alguna intriga, algún fraude que me suprima. ¿No tiene piedad de este aburrido espectro?. Sólo atiné a pasarle la bota de vino, mientras Segismundo alababa los "montes y espesuras".
Nos despedimos cerca del Monasterio de San Lorenzo. El caballero enfermo me dijo que aquella noche esperaba dormir él, como cada noche, desde siempre.

Y yo sólo podía pensar en los versos de Eliot (La Canción de amor de J. Alfred Prufrock)

¡No! No soy el príncipe Hamlet ni es mi intención serlo,
soy un señor cortesano, uno que servirá
para llenar una pausa, iniciar una escena o dos,
aconsejar al príncipe; sin duda, un instrumento dócil,
obediente, contento de servir,
político, precavido, meticuloso,
lleno de altos conceptos, pero un poquito obtuso;
a veces, en verdad, casi rídiculo:
casi, a veces, el Bufón.


Y emprendí el regreso a casa.

13 comentarios:

Pam dijo...

Enhorabuena, amigo. ¿Qué es eso de que has perdido a las musas? No creo que sea así. Tienes mucho que decir. Me encanta como escribes.
Besitos

PAM

Jose M. Sánchez "Daze" dijo...

Reaño, coño. Siempre me sorprendes. Giovanni Papini...ni idea eh?Menos mal que te tenemos aquí...

Anavi dijo...

Yo estoy igual que José M., no conocía a este autor. Has despertado la curiosidad...voy a ver que encuentro!
Y lo de que perdiste las musas...nada, que escribes muy bien!
Un saludo

Noctiluca dijo...

Ernesto, qué caballero fue a visitarte anoche realmente? Papini, un fantasma, vos mismo?

Te veo en esa calle oscura que termina en luz, y vos estas como detenido en una parte de ese túnel, como mirando dónde has llegado.

Me gusta este post, que en vez de ser frenéticamente “redondo” (y bello siempre) con sus músicas e imágenes acorde al texto o viceversa, es más vos … mas humano, con incompletudes. Te diría Sigmund, festejemos con un puro. Allí estás envuelto en un halo de recuerdos y te preguntás junto a Hamlet y Segismundo esas bellas y eternas preguntas existenciales.

Quien fue el caballero que te visito anoche antes del sueño? Con quien paseaste? Vos lo sabes?

Yo si conocia a G. Papini pero de nombre.

Te regalo el significado de tu nombre (ja, vaya pretensión de mi parte):

Significado: honrado
Festividad: 7 de noviembre
Personalidad: Despertada su ambición no le arredran los obstáculos para convertirla en realidad y podérsela ofrecer a los que ama. La intimidad es un concepto clave a conseguir a lo largo de su existencia. Obstinación sentimental para defender lo que quiere y a quien quiere.

"Vengo con tres heridas, la del amor, la de la muerte, la de la vida..."

Un abrazo

El Piscuis dijo...

Reaño, me gustó lo de Calderón de la Barca que le dejaste a Vir& y decidí pasar a visitarte por tú casa. Bueno, creo que pasaré seguido... Lo mío son las máquinas, aunque mi blog sea de literatura y pensamientos, por eso, en este campo, estoy obligado a aprender de los que antes han leído más que yo...

Saludos desde Argentina

Robotrix dijo...

Hoy, casi por obligación moral, no podía haber tanto silencio en mi blog y, como buena hidalga, creo haber cumplido. Espero haber satisfecho vuestras ansias de textos míos por y para devorar :)

Y Papini... Papini... un placer haberle descubierto. Como la curiosidad es tan tremenda no pasará demasiado tiempo sin que busque cosas sobre él.

Qué puñetera es la curiosidad... arma de doble filo, sin duda.

Saludos desde la universidad, Reagno.

Pam dijo...

Gracias por tu comentario, una vez más, sobre la foto que he dejado en mi post. La primera vez que la ví, bueno, me sentí francamente mal interiormente. No he podido dejar de pensar en ella en muchas ocasiones y hoy he decidido compartirla con vosotros.
Resultan reconfortantes las palabras de Marx, como casi siempre.
Besitos desde la desilusión y la rabia contra nuestro vergonzoso mundo.
PAM

Santino dijo...

La admiración que siento por Papini no tiene límites, lo considero uno de los grandes escritores olvidados del siglo XX. Y precisamente el primer cuento que conocí de él fue "La última visita del caballero enfermo" en una antología de cuentos fantásticos de Borges. Después fue Gog y su Libro negro (muy fácil de encontrar por internet). Es un autor que trato de reivindicar en mi blog desde que comencé a escribirlo. Me encantó leerte. Un saludo.

xnem dijo...

Hola fiera! Que interesante estás ahí en esa vieja callejuela con el paraguas, como esperando a la novia. Nada que esta semana que ganas por goleada, cada vez que voy a dejar una semillita en algún blog, tu ya has pasado por allí y has dejado tu opinión, hasta me he enterado que ya estas leyendo el último Auster!! tremendo nen! lo pedi el otro día al Circulo de Lectores, ya llegará. Tenía mono de Paul Auster.

samcorco dijo...

Qué tal camarada. Los aplausos inmerecidos al cretino del soñador no deberían ser tan sonoros. Todas las historias se las cuento yo al oído, mientras duerme; es como un episodio de Los Simpson donde Homer dormía con auriculares y una cinta para aprender palabras nuevas; el tio se levantaba por la mañana y soltaba su rollo a la familia, que por supuesto alucinaba. A mí no me hace falta colocarle auriculares, me vienen solas, se las cuento y él se lleva los aplausos. Por cierto, tengo una idea de una historia contigo y conmigo de protas, igual una noche de éstas se la cuento al oído. Saludos del camarada Brus.

Rain dijo...

Qué entrañable personaje el Caballero enfermo y luego la relación quijotesca, la soledad tuya, la soledad toda...

Y nosotros, los blogueadores, podríamso ser sueños de otros?
Quisiera pensar que sí, que eso es posible.

Y a tu habitual gentileza a ti, gracias.

Abracito.

charruita dijo...

papini...que ni sabia quien era, y que me haz ensenado...
la musa siempre esta ahi solo hay que llamarla y despierta...

Sir Faxx von Raven dijo...

ay! el caballero enfermo. no leí tanto a papini como tú, mi pútrido hermano, pero después del crepúsculo de los filósofos, como que algo de sus males también me contagió.